sábado, 4 de mayo de 2013

2.- ¡Reunamos al grupo!

Hola chicos, soy Bel y hoy os traigo el 2º capítulo de la historia de zombies, ¡espero que os guste!


-¡Vamos bola de sebo!- Gritó la chica de pelo morado.
-¡Sabes que no me gusta andar!
-Así de gordo estas…- Susurró y después volvió a alzar la voz- ¡Cómo no te des prisa, serás el primero en caer, y no pienso ayudarte porque ha sido culpa tuya!
-¡Muchas gracias por tu amabilidad Jeder!
-De nada Zeke-.
Jeder y Zeke eran otros de los pocos supervivientes que quedaban en ese instituto, quizá en toda la ciudad. Ella era inteligente y avispada, la cerebrito de su clase, pero todo lo que tenía de inteligencia lo tenía de “cruel”. Le solía dar igual todo y todos. Zeke, por lo contrario, era amable, dulce y bastante sensible, pero poco inteligente.
Seguían deambulando por los pasillos, matando zombies a cada rincón, cuando de repente…
-¡Bola de sebo!
-¡Zeke por favor!- Le rogó él
-Como sea… Escucho ruidos. Vienen de ese aula de ahí- Dijo Jeder señalando a una puerta- Ponte en guardia, que no te pillen desprevenido.
-¡Sí!- Juntos entraron gritando al aula, asustando a las dos personas que allí estaban, Allyson y Jack.
-¡Humanos! ¡Personas vivas! ¡Con sangre!- Exclamó Zeke dejando caer una especie de bate con clavos y abriendo los brazos en posición de abrazar
-Friki…- Murmuró Jeder apartándole cabizbaja y cuando se acercó a los chicos, volvió a alzar la mirada- Encantada soy…-
-Jeder- Contestó Allyson interrumpiéndola- Jeder Avner, chica de sobresalientes de la clase 4ºB
-¿Me… Me conoces?- Dijo soltando una tímida sonrisita
-¿Quién no?
-Bueno como sea- Concluyó Jeder volviendo a su natural expresión neutra- ¿Qué hacéis aquí? Porque si es escondeos no hacéis gran cosa armando ese jaleo.
-Estamos buscando un plano del instituto, tenemos que salir de aquí- Le respondió Jack
-¡Hombre! ¡Sí quieres nos quedamos aquí a vivir a que esos putos bichos nos devoren!
-¡Jeder!- Gritó Zeke poniéndole una mano en el hombro- Tranquilízate
-¡Soy una genio! ¡No me digas lo que tengo que hacer!- Le contestó ella en el mismo tono de voz a la vez que le quitaba la mano del hombro. Allyson puso los ojos en blanco y cerró la puerta del aula, después se fue a la mesa del profesor y cogió un rotulador del lapicero que allí había. Se colocó delante del mapa del instituto y rodeó con un círculo el lugar del mapa donde estaban.
-Bien, estamos aquí y tenemos que llegar allí- Dijo rodeando nuevamente la salida- Parece que uno de los caminos más cortos es el de los laboratorios.
-Sí, pero piensa que si cogemos por el pasillo de las aulas-taller, podemos coger armas más potentes- Le recordó Zeke
-Tienes razón eh…
-Zeke, me llamo Zeke
-Eso, Zeke, lo que decía, que tienes razón pero mira- Afirmó Allyson mientras dibujaba el camino desde el aula hasta el pasillo de las aulas-taller y desde ahí hasta la salida- El camino es el doble de largo que el otro que he propuesto.
-Tengo una idea- Expresó Jeder- Bola de sebo…
-¡ZEKE!
-Como sea… Él y yo podríamos ir a las aulas-taller, recoger maderas, clavos y demás para construir armas. Vosotros podéis coger por el pasillo de los laboratorios, coger paños y agua, pero no os olvidéis de recoger productos químicos, podrían servirnos… Y reunirnos en la salida ¿alguno de vosotros vivís cerca del instituto?
-Yo- Respondió Jack- Yo vivo cerca del instituto. No creo que a mis padres les importe que os quedéis allí…- Jack se quedó pensativo. Se puso pálido- Mierda… Mis padres…
-¿Qué pasa Jack?- Le preguntó Allyson poniéndole la mano en el hombro.
-Mis padres están trabajando…
-¿Y?- Inquirió secamente Jeder, como siempre.
-Trabajan de policías, los dos…
-Vale Jack, tranquilízate- Le pidió Ally- Tus padres están bien, ya verás…
-¿Alguien tiene un móvil?
-¿No tienes móvil?- Le preguntó nuevamente Jeder
-Sí, pero no lo traigo al instituto.
-Imbécil…-Susurró la pelimorada por lo bajo- Anda, aquí tienes- Dijo tendiéndole su iPhone
-Gracias- Jack marcó el número de su padre… No contestaba. Hizo lo mismo con su madre… Tampoco. Él sentía que se desvanecía, que se caía.- No lo cogen…
-Estarán ocupados, son policías y después de lo que esta pasando afuera… No creo que tengan tiempo para llamadas-Le tranquilizó Zeke
-Ni nosotros tiempo que perder- Concluyó Jeder- Recordad lo que debéis de hacer. Y si podéis coged cosas de primeros auxilios, nos harán falta. Espero veros en la salida y… Vivos.- Dijo ella con un atisbo de preocupación en su voz.
Todos salieron del aula, se despidieron y cogieron por caminos opuestos, Jeder y Zeke por la derecha, Allyson y Jack por la izquierda. Todos se guardaban las espaldas, debían hacerlo porque aunque allí ahora imperase la ley del más fuerte, al fin y al cabo eran amigos y era su deber. Jeder y Zeke consiguieron entrar en una de las aula-taller y cerraron la puerta, Jeder se deslizó lentamente mientras recuperaba el aliento, entretanto Zeke se puso a investigar.
-¡Perfecto! Jeder, busca dos gomas y una gomilla elástica
-¿Qué vas a hacer?- Preguntó con la voz entrecortada
-¡Una metralleta!
-¿Qué te crees MacGyver o qué?
-Tú solo hazlo- Le contestó Zeke con una mirada sombría, ella le miró con miedo y él alzó la cabeza con una sonrisa- Por favor
-Das miedo, bola de sebo…- Ella se levantó y empezó a buscar las gomas y la gomilla mientras Zeke cogía madera, la cortaba y la pegaba.
-Aquí tienes ¿qué vas a hacer con ellas?
-Una mira de tiro- Le respondió mientras las colocaba en la posición adecuada para apuntar- ¡Perfecta! ¡Corre y coge clavos y grapas!
-¡Sí!

-¡Cuidado a tu derecha!- Le gritó Jack a Allyson mientras golpeaban zombies en carrera continua
-¡Nos queda poco Jack, aguanta!- Dieron unos pasos más y consiguieron entrar en uno de los laboratorios, mientras cerraban la puerta corredera, escucharon unos ruidos, escucharon a alguien sollozar. Se pusieron en guardia.
-Ten cuidado…
-¿Tú también lo oyes?
-¿Quién no…?



miércoles, 1 de mayo de 2013

Sensaciones...

Hola chicos, soy Bel, perdonad que no hayamos puesto nada en el blog durante estos días, pero andábamos algo ocupadas... Yo mientras tanto sigo enfoscada en el fic, pero para que leáis algo os voy a dejar con un pequeño "pensamiento" (por llamarlo de alguna forma) que tuve mientras me ponía a darle vueltas a un problema que tenía una amiga ¡espero que os guste!

¿Alguna vez has sentido eso de que estás sola? ¿Qué no tienes nada? Solo te tienes a ti, tu alma, tu música, tu mente. Tu mente…  Esa sensación que tienes cuando ya no te queda nada, sí, estas sola, tu suerte es cosa del destino. El destino… Cuando crees que te caes de ese precipicio al que llamas vida, cuando sabes que nadie va a estar ahí para ayudarte a caer, a cogerte de la mano y decirte “Si caemos, nos caemos juntos. Si morimos, nos morimos juntos”. Esa persona que sabes que ya no va a llegar… Cuando llegas a ese extremo, lo único que te queda es llorar todas tus penas, angustias, miedos, y levantarte de esa caída con una sonrisa, te lo mereces después de todo lo que te ha pasado. Esa sensación de vacío desaparecerá, porque eres reina de tu vida, tú decides. Que le den al destino, a tu mente, a tu alma, pero nunca a tu música, pues estará en buenos y malos momentos. Dentro de poco, volverás a trepar hasta la cima del precipicio, que cada vez será más y más alto, pero llegarás y cuando pienses que volverás a caer, cuando pienses que ya no te quede nada, llegará esa persona, te sonreirá y te dirá “Si caemos, nos caemos juntos. Si morimos, nos morimos juntos”. Ya no estas sola, tienes personas. La vida son rachas, de todo se pasa. Y recuerda, no es una mala vida, ni siquiera un mal día, solo un mal momento. Sonríe, se feliz y que le den a lo demás.

miércoles, 24 de abril de 2013

2.- ¡Levad anclas!

Bueno, parece ser que al fin conseguí terminar el 2º capítulo antes de que acabase el día ¡Espero que os guste!


Nuestro pirata Guybrush Threepwood se embarcaba en una nueva aventura con su… ¿tripulación? Si es que se podía llamar así, pues apenas contaba con 4 personas (Carla, Otis, Jack y él mismo)
-¡Guybrush!- Exclamó Carla desde la escotilla -¡Nos falta comida!
-¿¡Ya!?- Preguntó él apesadumbrado
-Se la ha comido Otis- Respondió Jack con simpleza mientras mordía una manzana y se colocaba justo detrás de Guybrush, este miró furioso a Otis y se acercó a él.
-¡Otis! ¿Has sido tú?
-¿Eh? ¿Yo?- Preguntó este fingiendo asombro
-Sí Otis, tú.
-Pero yo...
-Otis...- Dijo Guybrush alargando las vocales y con un tono exahusto
-Bueno vale… Sí... ¡Tengo hambre! ¿Sabes? ¡Y aquí no hay nada mejor que hacer!- Guybrush suspiró cansado.
-¿Qué no hay nada mejor que hacer? Podrías limpiar la cubierta, subir al mástil a ver si alcanzamos tierra... Pero en fin tendremos que parar en la próxima isla- Concluyó él soltando nuevamente un suspiro cansado. Y eso solo acababa de empezar…

-M-mi c-capitán- Dijo titubeante uno de los marineros de LeChuck. LeChuck fue un gran pirata en vida aunque ahora que está muerto su único “sueño” es casarse con Elaine, pero para eso debe matar a Guybrush.
-¿Qué?- Le preguntó bordemente LeChuck al marinero
-Gu-Guybrush se di-dirige a Isla Vibez
-Muy bien ¿Y?- Volvió a preguntar con el mismo tono en la voz
-Que po-podría dirigirse usted allí pa-para matarle.
-¡Qué buena idea acabo de tener! ¡Podemos dirigirnos a nuestra base en isla Vibez y aniquilar le desde allí!
-Sí señor, qu-que buena idea- Contestó el marinero poniendo sus fantasmales ojos en blanco. LeChuck rio tenebrosamente, salió de la habitación y se fundió en la oscuridad del pasillo.

-Bien, supongo que ya está…- Dijo Guybrush cargando en la escotilla la última caja de comida que quedaba en la cubierta del barco. Se secó el sudor de la frente con la manga de su chaqueta azul marina y apretó su coleta. Volvió a subir a cubierta y vio hacia el cielo. Ni una sola nube. Miró a su tripulación, quienes charlaban alegremente. Miró hacia la ciudad y después volvió a mirarles. Se acercó a ellos a paso ligero y colocó una mano en el hombro de Otis.
-¿Qué os parece dar un paseo por la ciudad?- Propuso Guybrush. Y apenas pudo acabar la frase, pues salieron todos corriendo dirección a la ciudad de la isla Yad. Guybrush salió del barco y se quedó observando la entrada a la ciudad la cual estaba llena de gente porque había un gran mercado, puestos de frutas, verduras y pescado se agrupaban en una amplia calle con un suelo empedrado. Guybrush se fijó en un arco de piedra decorado con banderines que había al fondo, al parecer la ciudad estaba en fiestas.
Guybrush atravesó la amplia galería que aquel día estaba ocupada por los pequeños puestos ambulantes. Llegó a la plaza de la ciudad Yad y se quedó asombrado por su belleza, siguió andando mientras observaba boquiabierto cada banderín, cada flor, cada casa… Se fijó en una chica alta, con el pelo largo y moreno recogido en una coleta; su cara… ¡Se parecía tanto a Elaine! La chica se dio cuenta de que Guybrush la miraba, esta le dedicó una gran sonrisa y se acercó a él contoneándose.
-¡Hola!- Saludó ella con un marcado acento inglés- Me llamo Kate. Kate Marley- Kate le extendió la mano a Guybrush para estrechársela y este lo hizo sin creerse aún lo que oía.
-Yo… Yo soy Guybrush Threepwood- Dijo él manteniendo el saludo
-¿Eres de aquí? No tienes acento…
-No, no soy de aquí, vengo de bastante lejos, de Mêlée Island
-Ah ¿y eso es lejos?- Comentó Kate mientras soltaba una risotada aguda
-Eh… Esto…
-Da igual déjalo. Y bueno ¿qué haces por aquí?
-¿Eh? ¡Ah!- Exclamó Guybrush saliendo de su ensimismamiento- Pues nada, solo dar una vuelta, porque hemos parado a… ¡Au!- Chilló llevándose la mano al pelo- ¡Carla!
-¿Qué?- Preguntó la chica de tez morena- Tenemos que irnos, se nos ha hecho tarde y tendremos que pasar la noche aquí. Vamos- Concluyó tirando de Guybrush y echándole una mala mirada a la chica.
-¡Espero volver a verte!- Dijo Kate despidiéndose con su marcado acento- Y prometo hacerlo…- Dijo para sí misma- Lo prometo…

Una gota...

Hola chicos, soy Bel. Como veo que al fic de Monkey Island le queda todavía un poco, pues quiero "recompensaros" con un pequeño relato que hice hace tiempo ¡Disfrutadlo!

"¡Puf! ¡Qué aburrimiento!" Pensaba Natalia mientras dejaba con desgana el boli encima de la mesa y miraba hacia la ventana. Estaba  lloviendo mucho y la chica lo encontró más divertido que aquella clase de matemáticas. Natalia era una chica de pequeña estatura, delgada y con un bonito pelo rojo, sus ojos eran completamente verdes y dependiendo de la luz, se volvían mas azules. Con su cara expresaba toda la alegría que te puedas imaginar y con su sonrisa animaba a todos. Se aburría con facilidad y a ella las matemáticas nunca le gustaron, así que imaginaos como se encontraba. Se apoyó sobre su mano izquierda y dirigió su vista hacia afuera y se centró en la lluvia, bueno, más que en la lluvia, en las propias gotas. "¿Y si yo fuera una gota?" Pensaba la chica "Viajar en una nube, ver nuevos lugares ¡e incluso podría formar un arco iris!" Natalia soltó una pequeña risita, se sentía algo tonta al pensar aquello, pero sus pensamientos no la dejaban en paz. "Luego, cuando lloviese, yo sería una de las muchas gotas que caerían, podría caer en la tierra, formar un charco o deslizarme por una ventana lentamente" Pensaba mientras se fijaba en una gota que en ese momento recorría el cristal. "O podría..."
-¡Natalia!- Exclamó el profesor interrumpiéndola- ¿Te importaría prestar atención?   

lunes, 22 de abril de 2013

Capítulo 1.- Mi nombre es Guybrush Threepwood

¡Hola chicos! Soy Bel y tras meterle un poco de caña, aquí está el primer capítulo del fic de Monkey Island que estoy haciendo. ¡Espero que lo disfrutéis! Y probablemente mañana esté el segundo.  ¡Adiós!

-¡Mira detrás de ti! ¡Un mono de tres cabezas!- Le grité al hombre que me cerraba el paso.
-¡ME LAS PAGARÁS SUCIA RATA!- Escuché como me gritaba aquel pirata mientras yo huía despavorido. No sé porque me decía eso, no hice nada… Bueno, si a robar dos jarras de grog y un plato de estofado tú lo llamas nada, pues sí… En fin, mi nombre es Guybrush Threepwood y soy un pirata, tengo 24 años. Bueno, dejemos lo en 22 (y recién cumplidos)
Digamos que mi vida no ha sido un cuento de hadas, mis padres me abandonaron junto a mi hermano en un parque de atracciones y desde entonces no supe nada más de ellos. Mi hermano, al poco tiempo también me dejó de lado “¡Quiero ser pirata!” Me decía. Tan convencido estaba de su sueño que lo dejó todo, incluyéndome a mi. Tampoco volví a saber de él. Bueno, sí volví a saber de él, el día de su muerte… 
Hace ya algún tiempo decidí ser pirata como mi hermano y vine a Mêlée Island para hablar con los Tres Piratas, unos piratas (que se dice que son los mejores de todo el océano) que se dedican a ponerles pruebas a los novatos. Unas pruebas que según ellos no son fáciles de conseguir, pero que yo, como buen pirata logré. En una de las pruebas conocí a Elaine, la gobernadora de la isla Mêlée y bueno... Adivinad qué. Sorpresa.
-¡Guybrush! ¡Cariño!
-¡Elaine!- Le dije mientras cerraba la puerta de nuestro hogar, ella se acercó a mi y me dio un dulce beso en los labios. Elaine actualmente es mi esposa, sí, mi esposa y vosotros pensaréis ¿Un pirata casado? ¡Hey! ¡Los piratas tenemos sentimientos! ¿Sabes? ¡Esta era la sorpresa!
-¿Qué tal el día?
-Cansado, ya sabes…
-¿Cansado? Pero si nunca haces nada- Recalcó ella entre risas
-Estoy apunto de hacerlo Elaine… Apunto…
-¿Apunto? Guybrush, siempre dices lo mismo y al final nunca ocurre nada. Llevas un año sin hacer nada, no buscas trabajo si quiera. Y da gracias de que no nos falta el dinero, pero…
-Elaine. Basta- Le interrumpí bastante molesto- Soy un pirata.
-Sí Guybrush, un pirata en paro. Te repito que tendrías que dar las gracias de que no nos falte dinero, porque si fuese por ti…
-¿Si fuese por mí qué? ¿Eh Elaine? Mira, déjalo- Concluí levantándome de la silla donde estaba sentado y me dirigí a la planta superior, a nuestro dormitorio. Decidido. Me largaba de allí.
-¡Guybrush! ¿Adónde vas?- Preguntó preocupada Elaine
-¿No querías que hiciese algo? Pues a eso voy, a buscar un barco que fletar, una tripulación, una nueva aventura. 
-Guybr…
-No. Lo siento Elaine, pero… Pero creo que has cambiado, no eres la misma- Le cogí la cara con mis manos y le di un pequeño beso en los labios- Nos merecemos un tiempo ¿no crees?- Ella asintió y soltó un suspiro. La estreché entre mis brazos y noté como mi pecho empezaba a humedecerse por sus lágrimas- No llores Elaine, volveré pronto y todo irá perfecto, yo cambiaré y tú…
-Yo también Guybrush. Yo también…- Me dedicó una triste sonrisa y un “te quiero”. Salí de aquella casa sin mirar atrás.

Me dirigí al bar Scumm, un bar lleno de piratas borrachos y malolientes y abrí la puerta dando un pequeño portazo contra la pared.
-¡Mirad quien es! ¡Pero si es el hombre que no puede tomar alcohol por ser menor!
-Muy gracioso Otis, pero tengo 22 años- Le recordé mientras me sentaba a su lado
-¿Qué te trae por aquí muchacho? ¿Has vuelto a tener bronca con Elaine?
-Sí…- Asentí yo tristemente
-Mujeres, siempre mujeres… ¡Pero no estés triste!- Dijo mientras me pasaba una jarra con grog (El grog es un compuesto que lleva uno o más de los siguientes ingredientes: queroseno, glicol propílico, acetona, ron, endulzantes artificiales, ácido sulfúrico, tinte rojo nº 2, scumm, ácido para baterías, grasa para ejes y/o pepperoni)- La vida se ve mejor borracho.
-No Otis, no- Le respondí mientras alejaba un poco la jarra de mi vista- Lo que necesito es viajar, descubrir nuevos lugares y… ¡Au!- Chillé mientras me llevaba la mano a mi coleta rubia
-¡Tsé! ¡Quejica!- Comentó riéndose Carla, la Sword Master. Conocida por todo pirata por su habilidad con la lengua y la espada. Sus batallas de insultos eran inigualables y por eso alcanzó tan alto rango en tan poco tiempo- ¿Estás bien?
-No Carla… No estoy bien ¡Necesito aventuras!
-Pues vete- Respondió ella con simpleza a la vez que le daba un trago a mi jarra de Grog
-No es tan fácil, necesito un barco, una tripulación…
-¡Cuenta conmigo!- Exclamó mientras me extendía su mano para estrechársela
-Em. No gracias. Prefiero ir solo.- Apunté recordando aquel primer viaje a Monkey Island en la que ella, Otis y un pirata más se amotinaron sin hacer nada.
-¿Aún guardas rencor por eso?- Preguntó Otis
-¡Pues obvio!- Exclamé mientras le pasaba una pastilla de menta a Otis para su halitosis- ¡Me dejasteis tirados!
-Eres un quejica- Dijo Carla. Me levanté de mi sitio y me dirigí al muelle seguido de Otis y Carla, los cuales no paraban de pedirme perdón a gritos, incluso el vigía de Mêlée Island miraba extrañado, y eso que era medio ciego.
-¡Vale! ¡Esta bien! ¡Vosotros ganáis!- Grité cansado -Venid conmigo, pero buscad un barco
-¡A sus órdenes mi capitán!- Vociferaron los dos a la vez mientras salían corriendo. Por fin una nueva aventura lejos de la rutina. Miré un antiguo mapa que tenía guardado en mi bolsillo. Un mapa de una antigua isla, bastante alejada de Mêlée Island, llamada Isla Vibez donde se piensa que están los restos de una antigua civilización. Un tesoro y una nueva historia que contar. "Esto pinta bien..." Pensé mientras me apretaba mi coleta rubia.
Isla Vibez, allá vamos.

domingo, 21 de abril de 2013

Amaneceres.

Desperté entre niebla y ceniza que se filtraban por una milimétrica raja de la ventana, el frío y el gris me desvelaron, busqué las sábanas y el sueño de nuevo, pero supe que era incapaz de retomar el hilo del inconsciente.
El sol despuntaba sus primeros y tímidos rayos sobre aquel pequeño pueblo de colores tristes y apagados, de casas de piedra, de nieve y de gente anciana que no salía de sus casas. 
Lentamente y como si me fuera la vida en ello, puse los pies sobre el suelo de madera, y sentí que bajaba de nuevo al mundo real. Avancé lentamente hasta la ventana, me tomó unos segundos correr las cortinas y observar el blanco manto que cubría el montañoso pueblo.
A pesar de las espesas y esponjosas nubes de tonos grisáceos, el sol conseguía hacerse un hueco tras ellas, calentando un lugar que en los últimos días se había convertido en un amasijo de nervios y terror. Nadie era capaz de salir de casa, las calles estaban desiertas, y la escasa presencia policial no servía de consuelo para una población atemorizada por un pequeño individuo que asaltaba casas y se dedicaba a matar a todo aquel que se encontrase dentro.
A mi no me molestaba el hecho de que alguien quisiera matarme, mi vida no había sido un gran camino y no me sentía orgulloso de ella, sabía que tarde o temprano me tocaría a mi, pues había tomado decisiones y había cometido errores que me hacían merecer aquel final.
Tras varios segundos observando la nada, giré sobre mis talones y me encaminé de nuevo hacia la cama, con la idea de permanecer allí el tiempo suficiente hasta que mi estómago reclamase alimento.
Mientras caminaba con la vista fija en el sucio colchón sobre el que descansaba una manta, advertí que no estaba solo en aquella descolchada habitación. Miré de reojo hacia mi izquierda, y en la oscuridad pude distinguir una silueta menuda, agachada en la esquina. 
El papel de las paredes estaba totalmente destrozado, lo que le daba una sensación de terror aún mayor. Continué mi camino hasta sentarme en la cama, de frente a la silueta, mirándola fijamente.
Sabía que me estaba observando, el brillo de sus ojos le delataba, apenas pestañeaba. Estaba esperando el momento perfecto para abalanzarse sobre mi y quitarme la vida.
Me pregunté cuánto tiempo le llevó planear aquello, desde cuándo estaba en aquella esquina, si me habría observado desde aquel lugar toda la noche. ¿Era premeditado mi asesinato o simplemente mi nombre figuraba en su psicópata lista?
Fuera cual fuera la respuesta a mis dilemas, no me planteé defenderme.
Seguimos observándonos en silencio, el olor a muerte le rodeaba y le concedía un aura de misterio.
Lentamente, vi cómo se incorporaba de su escondite, embutido en una gabardina oscura típica de una película. Sus ojos seguían mirándome fijamente mientras el brillo de una sonrisa lobuna se dibujó en su rostro bañado de sombras.
Esperé sentado en mi cama, viendo cómo se acercaba. No me moví, no peleé por mi vida, tampoco supliqué que fuera rápido e indoloro.
No me importaba, no valoraba mi existencia. De hecho, me habría suicidado yo mismo si hubiera sido lo suficientemente capaz.
El hombre era tan pequeño que aún estando sentado me sacaba apenas unos centímetros. Su diminuto rostro seguía oculto en la oscuridad del cuarto.
Tras desafiarme con la mirada, se acercó a la ventana y cerró las cortinas de nuevo, envolviendo la habitación en una nube de sombras y negrura.
Volvió a su posición frente a mi y sacó un pequeño cuchillo. Pequeño pero lo suficientemente capaz de matar a una persona de una sola puñalada.
Se me formó un nudo en el estómago y el instinto quiso hacerme huir de aquel lugar, pero controlé mis impulsos y permanecí aparentemente inmóvil.
Sonrió de nuevo, y esta vez soltó una carcajada de suficiencia, orgulloso de sí mismo y de su trabajo. Por unos segundos me vi reflejado en aquel hombre, la maldad que desprendía hizo que recordara una etapa de mi vida años atrás. 
Alzó el brazo con la hoja del cuchillo apuntando hacia mi corazón, y comencé a sentir una oleada de sensaciones en mi interior. Comencé a respirar mucho más rápido, se me aceleró el pulso y el corazón parecía que iba a salir de mi pecho de un momento a otro.
El hombre rió aún más alto y echó la cabeza hacia atrás, como si aquello le excitase, le ponía a cien.
Entonces no sé por qué alcé un brazo y detuve el suyo en el aire. Saqué fuerzas de donde no sabía que había y lo miré fijamente, sin saber lo que estaba sucediendo. No me sentía dueño de mi cuerpo, algo me empujaba a hacer aquello.
Me puse en pie y le miré, entonces fui yo quien sonrió lobunamente, pude ver el brillo de mis ojos reflejados en los suyos, y supe que estaba perdido, que iba a matar a aquel hombre, que no tenía opción alguna.
Le arrebaté el cuchillo de las manos y lo lancé rápidamente hacia su pecho, lo hundí en su piel y eso me hizo sentirme bien, extremadamente bien. Un subidón de adrenalina se apoderó de mi y no pude parar de acuchillarle, de mirar cómo la vida se escapaba de aquel mutilado cuerpo y de cómo la sangre de aquel hombre inundaba el suelo de la habitación, roja, filtrándose entre las tablas de madera y goteando en el piso de abajo. Pero no me importó que me encontrasen en aquella situación, estaría mejor encerrado en cualquier lugar, donde no pudiera herir a nadie más.
Me consideraba peor que el hombre al que acababa de matar, él podía o no tener motivos para asesinar a alguien, yo simplemente lo hacía por el placer de ver correr la sangre en el suelo, de ver cómo se apaga el brillo de sus ojos al morir.
Sentí repugnancia hacia mi persona y sin pensarlo apenas un par de veces, hundí el cuchillo en mi costado y caí de rodilla al suelo, con la mano ensangrentada en la piel.
Volví a hundirme el cuchillo, esta vez más arriba. Una oleada de dolor se extendió por todo mi cuerpo y un pequeño quejido se escapó entre mis dientes. Me doblé en el suelo y solté el cuchillo casi inconscientemente.
Permanecí así un tiempo que se me antojó eterno hasta que comencé a notar que mi conciencia se escapa a otra parte. Apenas sentía nada, no era consciente de que estaba tumbado en un charco de mi propia sangre, de que había terminado con mi vida en un impulso irracional.
Cerré los ojos y me dejé llevar tranquilo por el sendero de la muerte, esperando ir a otro lugar distinto a aquel mundo sucio y lleno de tinieblas. Aunque en el fondo sabía que de existir un lugar mejor, yo no merecía entrar en él, aspiraba a observarlo desde una verja.
Ese fue el último pensamiento antes de abandonarme totalmente, satisfecho de haber hecho algo que tiempo atrás no fui capaz de hacer, no me sentí cobarde por suicidarme, me sentí orgulloso.


Vir.

Capítulo 1.- Bienvenidos a la nueva ¿vida?

NOTA: Soy Bel y como veo que al fic de Monkey Island le va a quedar un poco, quiero recompensaros con un fic sobre un apocalipsis zombie que he hecho. Disfrutadlo.


No muy lejos de la ciudad, algo extraño estaba pasando. Seres extraños que atacaban a humanos inocentes y estos, se convertían en lo que les atacaba, nadie sabía porque. Todos huían despavoridos a esconderse pero solo unos pocos lograban salvarse. Había zombies en cada rincón de la ciudad, país, continente; nadie sabía que estaba pasando y si tenía o no alguna explicación, todos querían despertarse de ese sueño, o mejor dicho, de esa pesadilla. Todos querían que eso que estaban viviendo fuese una mentira, pero desgraciadamente no era así, era una realidad. El mundo tal y como lo conocían se ha acabado, ahora toca sobrevivir en un mundo donde tienes que andar con pies de plomo si no quieres que una criatura te mate, o eso, o pegarle un tiro a la criatura entre ceja y ceja. Bienvenidos a la nueva…¿Vida?
Ally cruzó sus piernas y dejó caer su boli sobre la mesa con impaciencia. Aquella clase de ciencias la estaba sacando de sus casillas. Miraba el reloj una y otra vez, para ella el tiempo no avanzaba sino que iba hacia atrás. Notó vibrar su móvil en el bolsillo pero no quería esconderse para contestar al WhatsApp. Elevó la mano y pidió permiso para ir al servicio. Allyson se levantó de su asiento y cruzo toda la clase hasta llegar a la puerta, salió y se fue hasta el final del pasillo, que era donde se encontraban los servicios, a mitad de camino sacó el móvil, no se molestó siquiera en ocultarlo, total ¿para qué? Sus zapatos marca Converse sonaban con fuerza en el pasillo, giró la esquina y entró en el servicio. Se encendieron las luces porque eran automáticas y la chica se apoyó en la pared del fondo. “Ten cuidado” Decía el WhatsApp que le envió su hermana Anna, Ally cerró a mala gana la conversación y se fijó en el espejo, allí estaba ella, una chica no muy alta, delgada, ojos verdes azulados y con un bonito pelo moreno con mechas verdes pistacho. Allyson decidió escaquearse de la clase y dar una vuelta por el instituto, total, nadie se daría cuenta, era invisible para casi todos. Salió del baño y se fijó en una de las ventanas del pasillo, vio a un hombre comportándose de forma extraña, arrastraba los pies y estaba demasiado…¿pálido?, bah como sea, pero Ally se fijó más en ese hombre, que se acercaba al conserje y le mordía, acto seguido, se caía al suelo y empezaba a toser sangre “¿¡Qué cojones!?” Pensó Allyson “¿le acaba de morder el cuello?” pensaba mientras se alejaba atemorizada. Se dio media vuelta pensando en lo que acababa de ver, tenía un nudo en el estómago después de lo que había visto. Se intentó tranquilizar a medida que bajaba las escaleras para ir a la planta baja, todo estaba en silencio, más de lo normal. De repente, escuchó un grito, alguien que pedía socorro, ella extrañada se dio la vuelta y observó a un chico siendo atacado por uno de esos seres que antes vio morder al conserje. “¡Ayuda por favor!” Exclamaba el chico, Allyson antes de ir a ayudarle se dio cuenta de que esos bichos eran tremendamente fuertes, así que sin dudarlo cogió uno de los trofeos del estante que había en el pasillo antes de que el extraño ser se acercara corriendo hacia a ella.
-¡FUERA DE AQUÍ!- Gritó Ally a la vez que le atizaba un golpe en la cabeza con la copa dorada (que con ese golpe se tiñó de rojo) jadeó nerviosamente y se acordó del chico. Rápidamente se acercó a él y le tendió la mano para que se levantase.
-Gracias, eh…
-Allyson, me llamo Allyson. Soy de la clase de 4º C.
-Encantado Allyson, yo soy Jack, de 3º A
-¿Sabes qué cojones está pasando aquí?- Preguntó ella con miedo de saber la respuesta
-Zombies- Respondió secamente, Allyson negó atemorizada con la cabeza “No, no, esto es imposible ¿¡Zombies!? ¡Claro! ¡A eso se refería Anna!” Pensaba ella y de repente Ally se echó a llorar.
-Allyson- Le dijo Jack- Por mucho que llores, no vas a arreglar nada, tranquilízate. Vamos a buscar la salida aunque sea lo último que hagamos ¿de acuerdo?- Ella asintió mientras se secaba las lágrimas. 
-Primero- Comenzó a decir ella sorbiéndose los mocos- Este instituto es enorme, necesitamos un plano… 
-En las aulas hay planos del instituto con rutas hacia las salidas en caso de emergencia. Podemos coger uno e irnos.
-Esta bien- Dijo Allyson esbozando una sonrisa. Jack se la devolvió y juntos se fueron al aula más cercana… Ellos sabían que no iban a volver a ser como eran antes. Ahora saben que es vivir con auténtico miedo.